EL CHEQUE

Por: Isaac Lugo

La aguja marca en rojo, ya ni siquiera me queda la reserva, espero que el cheque llegue pronto, espero que me alcance la gasolina, dicen que si vas de bajada y pones la palanca de velocidades en punto muerto, el automóvil consume menos combustible, de igual forma si no rebasas los ochenta kilómetros por hora, o en un caso extremo, si lo apagas y lo empujas.

Me sorprende, aunque no debería de hacerlo, ver a tantas personas vendiendo dulces, cigarros, refrescos, juguetes, incluso fruta en las avenidas, entre los carros; el tráfico de esta ciudad lo permite y la necesidad de estas personas de percibir un ingreso, los obliga; artistas callejeros, payasitos, malabaristas, los llamados dragones que hacen buches con gasolina para escupirla en una antorcha encendida que llevan en la mano y entonces la llama sale, crece ante los conductores que espectan, indiferentes, la falta de oportunidades, el desempleo, la inflación, la crisis, la miseria.

El Memo, tendrá quizá siete, ocho años, no más, sabe bien como “mojar la mona” e inhala, vuelve a inhalar, camina lento y su mirada se pierde entre señores, señoras que caminan impasibles, tal vez cualquiera le pueda regalar un taco, pero ese cualquiera no le puede regalar un taco a todos los Memos de la ciudad.

Me agrada pensar que soy un cualquiera, aunque esta quincena no sé por qué se ha retrasado tanto el cheque, se supone que los pagos deben ser puntuales, no un día después, ni dos, mucho menos tres, que son los días que han pasado y no veo la paga por el trabajo que realizo; quienes viven al día, seguramente llevan ya tres días sin comer y según especialistas económicos, el costo de los productos de consumo básico ha crecido treinta por ciento en lo que va del año.

Escucho en la radio que el dólar subió y ya no quiero ni pensar en los números del desempleo ¿Cuántos empleos se han creado en este año?, supongo que menos de los que se perdieron, no lo sé, pero tampoco podemos contentarnos con mantener los que ya se tienen; otro especialista dice: “tiene que haber crecimiento económico”, y el político contesta: “tendremos este año un crecimiento económico del 5.2 por ciento, porque nuestra economía continúa sólida y fuerte, vamos por buen camino”, ¿a quién se lo dice? A quienes tenemos empleo y no nos alcanza o a los que no tienen empleo y tiene que vender naranjas en los semáforos, a riesgo de que los levante “la camioneta”, es decir, los policías que les quitan las naranjas.

Estaciono el carro y camino por la calle de Malaquitas, dicen que en esta calle mataron a una mujer muy hermosa, de lindos ojos, que la mató su hermana por algún conflicto amoroso. Cinco cuadras más adelante, los martes, se pone un tianguis donde encuentras de todo, tacos de birria, mixtote, barbacoa, carnitas, pancita, quesadillas; fruta, verdura, ropa, zapatos, piratería, etc.

Cinco cuadras más adelante se encuentran las oficinas donde trabajo y me pagan por hacer lo que hago, o al menos eso quiero pensar, porque de entrada, pues todavía me deben la quincena. El descontento se escucha entre los pasillos, me consuela un poco saber que no soy el único, incluso han saltado rumores de que si en dos días más los cheques no llegan, harán paro de labores, el nerviosismo es en parte por las recientes noticias de la semana, de algunas empresas que se han declarado en quiebra por la crisis y dejan a sus empleados en la calle sin el pago de algunas quincenas, sin liquidación y sin nada.

Por fortuna no es el caso, Martina anuncia que llegaron los cheques y que podemos recogerlos en el transcurso de la tarde en las oficinas de recursos humanos. Inmediatamente más de uno nos dirigimos hasta donde el ansioso cheque es entregado.

Por fin, ahora sí a pagarle al lechero, al carnicero, al pollero, al refresquero, al frijolero, al de los huevos y a ponerle gasolina al carro, que por ciento, ya subió otros dos centavos.

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