REFUGIO

Por Miranda Fabián


Ahí estaba Emma, disfrutando un momento de soledad en donde se combinaba la alegría, la melancolía y la incertidumbre. Pensaba en lo feliz que se sentía por haber concluido su licenciatura, pues su vida como universitaria dejó grandes experiencias que jamás creyó pasarían. Lo que más extrañaría sería la hermandad y tranquilidad que sentía al estar con sus amigos, la universidad fue su hogar: ahí realmente podía expresarse tal como era.


Mientras pensaba en todo lo ocurrido los últimos cuatro años de su vida, escuchó una voz:

- Hola, ¿cómo te llamas?

- Emma, ¿y tú?

- Romy. ¿Cuántos días te vas a quedar?

- Otros tres días, ya compré mi boleto de regreso. Y tú, ¿cuándo te vas?

- No sé, no tengo dinero para regresarme. Llegué de aventón y estoy trabajando para sacar un poco de dinero, ya sabes, para el reventón.


En ese momento Emma pensó en cuantas veces había deseado tener una aventura de ese tipo, salir de “mochilazo” con unos cuantos pesos en el pantalón, pero nunca se atrevió. Cuando la invitaban a salir de noche, siempre decía que no tenía dinero, cuando en realidad sus padres no la dejaban salir y le daba pena decir la verdad.


Platicaron toda la noche, en compañía de las estrellas y un porro. Romy tenía una vida totalmente distinta a la de Emma, vivía solamente con su abuelita, pues su madre la había corrido de casa hacía un año. Sin embargo, lo que más le preocupaba en ese momento era saber si había sido aceptada en la universidad para la que hizo su examen.


Al día siguiente mientras caminaba por la playa, Emma vio a Romy comiendo un bolillo con gran desesperación, como si fuera lo único que había comido en muchos días. En ese momento pensó: ¿en verdad vale la pena pasar una experiencia así?


Lo cierto es que todos huimos de algo y es increíble como un lugar tan hermoso como la playa se convierte en el refugio donde convergen cientos de historias: no existen barreras y el único límite que tienes para hacer lo que quieres eres tú mismo. Al ver la omnipotencia del mar sientes que todo es posible. Cuando ves un nuevo amanecer, ves una nueva esperanza. Cuando miras el atardecer, sabes que fuiste afortunado al estar vivo y poder observar tan hermoso paisaje. Al estar en la playa recuerdas lo que olvidaste hace mucho tiempo: vivir es hermoso.


Dibujo de Grumpy lump

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