Isela Cruz
…somos de arcilla, nunca dejamos de serlo, y comprendí la extensión de aquella metáfora bíblica; cerré los ojos, recorrí y dibuje con mi dedo líneas en tu piel y lo supe con certeza, tienes huellas ajenas en el pecho, en tus brazos y en tu vientre.
Puedo sentirlas cuando cierro los ojos y recuerdo tu piel, antes, cuando todo era mas claro, cuando la bruma no nos había alcanzado, y cuando mis ojos no goteaban como ahora. Tu piel es distinta, tiene marcas como en la arcilla, dedos y mordidas aunque sigue oliendo a ti.
Temo continuar, voy a reconstruir tu piel con mis manos, con caricias y con besos. Voy a tapar esas marcas con mis marcas y vas a volver a ser mío, y algún día, cuando te vuelva a tocar, sentiré que nada ha cambiado y no notare aquellas marcas ajenas, y para entonces habré olvidado que existían.

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