Por Carmen Cortés
Cuenta una vieja leyenda que cuando los marineros pasaban cerca de las sirenas caían en profundo trance por lo que escuchaban y tenían ganas de tirarse al mar y hundirse y permanecer siempre ahí.
Cuenta la vieja leyenda que era un hermoso canto lo que escuchaban, el extraño enamoramiento era un hermoso canto. Hasta que un hombre, un poco menos soñador, un poco menos retórico, y es muy probable que un poco menos vivo que los demás, logro resistirlas y al regresar contó...
"El hermoso canto de las sirenas es el espejo frente al rostro. Aquella sirena se acercó y comenzó un cuento ancestral sobre mi, quién era y de donde venía, no recuerdo si mencionó a dónde iba, sólo se que me habló de mi, de mis sueños y mis soledades, de mis deseos y de mi cuerpo, en ocasiones, trémulo, con un gesto enceguecedor me invito a habitar el espejo y me nombro, muy lentamente, NARCISO"
Cuando desperté me sentía un poco menos vivo.
Ese hermoso canto es el terrible deseo de habitarse, de encontrase, de ser mitad y también otra mitad.

Dibujo de Guianeya Marín

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