SALUDOS A THOMAS MANN

Attila József



Como el niño que ya quisiera descansar

y ha llegado a la calma del lecho el hogar

y todavía pide: “¡No te vayas y cuenta!”

(que así la oscura noche no lo asirá violenta),

mientras su corazón palpita atormentado

sin saber que prefiere, si estar acompañado

o escuchar que le cuenten historias formidables,

nosotros te pedimos que te sientes y hables.

Háblanos como ayer, aunque no lo olvidamos.

Di que estás con nosotros y nosotros estamos

contigo, todos los que respetamos tu nombre

y tenemos problemas a la altura del hombre.

Tú que sabes muy bien que el poeta no miente,

háblanos de la luz que brilla en nuestra mente

y, allende lo real, muéstranos la verdad.

Así juntos podemos vencer la oscuridad.

Haz que, como Hans Castorp, que veía a través

del cuerpo de madame Chauchat, podamos

escrutarnos esta noche. Por tu hablar melodioso

no pasa el ruido. Háblanos de lo malo y lo hermoso

que del luto al anhelo pueda el pecho ascender.

Al pobre Kosztolányi enterramos ayer

y, como abrió en su cuerpo el cáncer un abismo.

Estados-Monstruo roen sin tregua al humanismo.

¿Qué más vendrá, inquirimos –las almas de horror plenas,

de dónde nos azuzan nuevas ideas-buenas?

¿Hierven nuevos venenos que quieren infiltrarnos?

¿Y hasta cuándo habrá un sitio en que puedas hablarnos?

y que todos los hombre como tales quedemos,

y que nuestras mujeres sean libres y hermosas

-todos seres humanos- pues ahora estas cosas

escasean. Maestro sientate y haz tu cuento.

Te escuchamos. Y alguno estará muy contento

nomás que de mirar, aquí frente a estos bancos,

a un europeo entre los blancos.



Dibujo de Lampii

0 comentarios:

Califica